Culpa, vergüenza y orgullo

La culpa, la vergüenza y el orgullo son emociones que se relacionan con el sentido de yo y que surgen a partir de una serie de evaluaciones y atribuciones internas.

Experimentar vergüenza a la hora de dar nuestra opinión, sentir culpa por aquello que un día hicimos u orgullo por un logro conseguido… Cualquiera de los ejemplos anteriores corresponde a una serie de emociones en las que existe una evaluación relativa al propio yo y que en el ámbito de la psicología se han denominado emociones autoconscientes.

Se trata de estados emocionales que tienen una serie de características comunes, pero que también presentan unos rasgos específicos según como se evalúe la conducta y la atribución que se haga de la misma. Profundicemos.

«Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor».

-Frederick Dodson-

Las emociones autoconscientes

En los últimos años, las emociones han cobrado protagonismo, ya no son las grandes olvidadas, sino todo lo contrario. No obstante, aún nos queda mucho por descubrir sobre ellas.

Si bien es cierto que a día de hoy existen bastantes estudios sobre las emociones básicas y la inteligencia emocional, no sucede lo mismo con aquellas en las que su variabilidad y complejidad es mayor, como es el caso de las emociones autoconscientes.

Pese a todo, el interés sobre este tipo de emociones ha aumentado de forma progresiva y ya existen modelos teóricos sobre ellas. Así, según los diversos estudios realizados, las emociones autoconscientes comparten una serie de características importantes:

  • Son emociones secundarias. Esto quiere decir que surgen a partir de la transformación de otras más básicas.
  • Son emociones complejas. Es necesario el desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas, como una noción del yo o autoconciencia, es decir, es necesario que exista una diferencia entre el yo y los demás.
  • Son emociones sociales. Aparecen en contextos interpersonales.
  • Son emociones morales. Este tipo de emociones son fruto de la interiorización de valores, normas y criterios culturales a partir de los cuales se establece qué es correcto y qué no a nivel comportamental. Además, son fundamentales como elementos motivadores y controladores de la conducta moral junto con la empatía.

Por ejemplo, la culpa y la vergüenza son capaces de inhibir conductas consideradas como inmorales o de facilitar aquellas catalogadas como altamente morales, ya que al no hacerlo, se experimentaría una gran vergüenza o culpa. Por otro lado, el orgullo estaría asociado con la buena acción y el reforzamiento resultante de acciones similares en el futuro.

Otro dato importante a tener en cuenta es que a pesar de que este tipo de emociones son consideradas como autoconscientes, los diversos autores que han investigado sobre ellas afirman que la autoevaluación que se realiza no tiene por qué ser consciente ni explícita.

EL ARTE DE TRASCENDER

Especialista – Dra. Johanna Negrette

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